Relato de viaje en el noreste

“Tomamos por un sendero al costado del refugio de los “guardaparques”, donde debimos cambiar el autobús por un todoterreno y dejar también el camino asfaltado, para seguir una huella a penas señalada. Nos internamos en la selva, no en la primaria que habíamos visto en el Salto de Mokoná, sino en la secundaria, fuertemente castigada por los colonos blancos que, a partir de la reciente crisis financiera se adueñan de estas tierras y desforestan para obtener campos cultivables.
Son tierras fiscales, y en principio no pueden ocuparlas, pero el Gobierno provincial está en Posadas, es decir lejos, y más aún el Gobierno Nacional, que resulta remoto respecto de este extremo perdido de tierra atrapada entre Brasil y Paraguay.
En Mokoná José nos había dicho ‘un jaguar adulto necesita de 10.000 hectáreas de selva, en este territorio existen 48 especies de árboles, 98 especies de fauna, 6 especies de felinos y 250 especies de mariposas nocturnas y diurnas, 85 especies de plantas parasitarias y 488 especies de pájaros!’.
Parece que ya hemos llegado, o es que el todoterreno ya no puede seguir adelante… cogemos un sendero todavía más estrecho y lo será aún más conforme nos vayamos adentrando en la selva.
Estamos inmersos en el silencio, nuestras voces se escuchan a gran distancia, José nos invita a callar, pero no siempre lo logramos, ya que las exclamaciones brotan cuando maravillados contemplamos la vegetación o algún pájaro que se nos cruza en el camino o las innumerables mariposas que nos acompañan y no dejan de bailar entre nosotros.
¡Aquí todo se vuelve un poco irreal! José antes de acompañarnos a la Aldea Guaraní nos hace visitar una serie de “saltos” cercanos. Realmente no es fácil alcanzarlos, el sendero que bordea el río es por momentos resbaloso, entonces le pie de hunde en la hierba empapada o hay que saltar de una piedra a otra sorteando la corriente.
Entonces… ¡el espectáculo que descubrimos nos sorprende ampliamente!! El río que hemos seguido termina aquí en un concierto de cascadas que se precipitan en una cuenca natural, esculpida en la piedra marrón que lo rodea. ¡El contraste es total entre la tierra rojiza, el verde brillante de la hierba y el azul absoluto del cielo! ¡Estamos encantados, no quisiéramos movernos más de allí, pero nos esperan! ¡Para el día de hoy está previsto el gran encuentro con la Comunidad Guaraní! Regresamos sobres nuestros pasos… Al inicio del territorio de la Aldea nos detenemos, José modula un llamado lento y sutil, a penas perceptible… tras lo cual surge Roberto. Roberto para nosotros, porque el Gobierno no permite que este pueblo utilice su lengua para nombrar la identidad de sus hijos. Estamos conmovidos, pero éste no será el único motivo para estarlo!
Roberto habla lentamente, su castellano es comprensible para nosotros. Las 700 familias que viven en la Aldea practican la agricultura comunitaria, el jefe decide la rotación de los cultivos en los campos… principalmente mandioca y luego la cría de gallinas, la caza de algún pequeño animal selvático… algunas mujeres salen de la comunidad para vender sus artesanías a los turistas de Iguazú, su “Agua Grande”! Como no todos tiene permiso para entrar en el Parque, algunos se ven obligados a enseñan sus productos en la calle. El dinero que obtienen sirve a las familias para adquirir todo lo que ellos no producen en la Aldea, medicamentos fundamentalmente. Broches para el cabello, pájaros variopintos, pequeñas bolsitas de red, sus productos tienen los colores de las plantas, del verde brillante al amarillo encendido.
Y al atardecer la Comunidad es silenciosamente activa, las mujeres se ocupan de sus quehaceres; hay pocos niños rondando, están preparando los cantos con los que al fin de la visita nos saludarán. De pronto, desde un sendero lateral respecto de donde nos ubicamos se acercan tres niñas y un niño, los más pequeños están sentados en una carretilla construida completamente en madera, a modo de carruaje. Sabrina nos llama para una foto, nuestras sonrisas se unen con sus rostros que expresan cierta perplejidad.
De lejos vemos las cabañas realizadas en madera y follajes varios, si el árbol se corta en el momento oportuno del año, en coincidencia con la fase lunar justa, una cabaña puede durar hasta 12 años, de lo contrario sólo dos o tres. ¡Vemos además las trampas para la caza, nos relatan las ceremonias para unirse en pareja y la otra para darle nombre al recién nacido, nos enseñan el árbol que alivia el hambre y la sed y la ortiga de la que se puede beber!!! La visita se extiende, pero el tiempo transcurre en un abrir y cerrar de ojos. Los niños nos saludan alegremente en la última foto, saliendo de la Aldea visitamos la escuela construida hace algunos años con fondos de cooperación alemanes.
Al día siguiente mientras el sol asome radiante y una brisa fresca nos erice la piel, estaremos delante de la casa del cacique Silvino, que hablará de la tierra que se reduce cada año, de los colonos que llegan y ocupan los terrenos fiscales y sin más comienzan a cortar y a cultivar los famosos pinos argentinos; de la propia Comunidad Guaraní que, en el momento de la crisis, bajo la presión del mercado, destruyó la selva para cultivar árboles que se comercializan, traicionando su identidad, y atacando el único medio del cual finalmente dependen para la supervivencia.
Nos hablarán del reclamo tramitado con insistencia ante el Gobierno Federal para que se reconozcan a la comunidad Guaraní la designación de Reserva cultural bio-ambiental, para que se concedan los derechos de propiedad de la tierra, pero fundamentalmente lo imperioso de este derecho de propiedad para la supervivencia.
Y luego regresamos en nuestro todoterreno. Recorreremos sólo doscientos metros y estaremos sobre la carretera nacional asfaltada…!!
Tan lejos queda la Aldea de nuestro autobús y el trayecto de ida y regreso me parecen la metáfora de la distancia que separa mi mundo de aquel de los Guraníes: pocos cientos de metros, pero una distancia que podría medirse en años luz se disipa por el deseo que tenemos de acercarnos a ellos, de conocerlos y dejar que nos conozcan para encontrar un diálogo posible en la mutua diversidad.”

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